La Madonna se mueve con pasos inseguros, rápidos o lentos, pero siempre con trágica gracia. Nuestra Señora de las Suspiros se arrastra tímida y furtivamente. Pero esta Hermana más joven se mueve con gestos incalculables, rebotando, y con saltos de tigre. No lleva ninguna llave, pues aunque aparece rara vez entre los hombres, derriba todas las puertas en las que se le permite entrar. Y su nombre es Mater Tenebrarum, Nuestra Señora de las tinieblas.

Thomas De Quincy

“Levana and Our Three Ladies of Sorrow”

Suspiria de Profundis


Hoy es el turno de uno de los maestros de la Fantasía, la Ciencia ficción y el Terror, y digo bien, porque Fritz Leiber (Chicago, 1910-1992) cultivó el triunvirato de géneros, destacando en algún momento en todos ellos.

Algo sobre Fritz Leiber

Nombrado Gran Maestro de la Ciencia Ficción en 1981, el estadounidense siempre tuvo momentos de gran brillantez, al menos en cuanto a galardones se refiere, a lo largo de su carrera que le permitieron conseguir varios Premios Hugo; con obras como El gran tiempo (1958) o El Planeta errante (1965) y también varios Premios Nebula. Además consiguió con sus relatos Catch That Zeppelin! (1968) y Voy a probar suerte (1976) ganar ambos premios en el mismo año.

Fritz Leiber
Fritz Leiber

Pero sobre todo no podemos olvidar otro tipo de aportaciones de Fritz Leiber, como la creación del término Espada y Brujería, que siempre se le ha adjudicado tras una carta publicada en la revista Amra en 1961, donde intentaba reunir cierto tipo de literatura, al estilo de las fantasías de Robert E. Howard, bajo un paraguas propio que la diferenciara de otros géneros como el de Capa y espada o las aventuras clásicas.

Lo que nos lleva a hablar de su más conocida aportación al género: los relatos y novelas protagonizados por “Fafhrd y el Ratonero Gris”, personajes creados junto a Harry Otto Fischer (al menos el primer relato parece que se escribió “a cuatro manos” junto a Fischer), una pareja de aventureros que asentaría buena parte de las columnas y andamiajes que sostendrían mucha de la literatura construida a posteriori dentro del género.

En todo caso, hoy vamos a comentar una de las más interesantes aportaciones de Fritz Leiber al género del Terror (que cultivó invariablemente durante toda su carrera), y también una de las más curiosas: Nuestra Señora de las Tinieblas (Our Lady of Darkness, de 1977).

Nuestra Señora de las Tinieblas (Our Lady of Darkness)

 

Nuestra Señora de las Tinieblas, PulpEdiciones (2002)
Nuestra Señora de las Tinieblas, PulpEdiciones (2002)

El protagonista de la novela es Franz Western, un escritor de guiones para series de TV y de relatos pulp, que cae en el alcoholismo tras la muerte de su esposa y que se encuentra en pleno proceso de rehabilitación. Es inevitable no relacionar a este antihéroe con el propio Leiber que a finales de los 60 había pasado un trago similar, para más tarde rehacerse y continuar publicando.  Hay que añadir además  la ciudad de San Francisco como entidad propia, con una capacidad de interacción que Leiber insinúa y confirma de modo constante y que ocupa una posición antagónica desde el inicio de la historia.

Es complicado realizar una sinopsis sin destripar descaradamente la historia, así que podemos decir que la trama gira en torno a la adquisición y posterior lectura de dos volúmenes comprados por Franz  en una oscura librería de San Francisco : Megapolisomancia: una nueva ciencia de las ciudades, escrito por Thibaut De Castries a finales del siglo XIX, y el presunto diario manuscrito del escritor Clark Ashton Smith.

La obra de De Castries teoriza sobre la existencia de unas entidades, relacionadas con las ciudades y grandes aglomeraciones, denominadas paramentales. Estas actúan a modo de presencias, casi siempre extrasensoriales, pero que pueden llegar a interactuar con nuestra realidad en momentos, y sobre todo lugares concretos. Muy al modo de las casas encantadas, pero extendiendo la influencia de esas fuerzas tanto en el terreno como en el tiempo. Y también se habla de la posibilidad de usar la reunión de las energías propias que se acumulan en las grandes ciudades.

Nuestra Señora de las Tinieblas, Martínez Roca (1993)
Nuestra Señora de las Tinieblas, Martínez Roca (1993)

En segundo lugar, el presunto diario de Ashton Smith  muestra, hasta cierto punto, la supuesta relación de éste con De Castries relatando las visitas del escritor a un tal “Tiberio, en el 607 de Rhodes”. Esto dispara la curiosidad de Franz, cuyo apartamento 607 se enclava en un megalítico edificio repleto de antiguos secretos, al modo de las pirámides.

Al inicio, Leiber se centra en la relación de Western con las entidades paramentales y la posibilidad de su existencia real. Un pequeño juego de duendes traviesos con escalofriantes momentos de tensión. Siguiendo las premisas de Lovecraft en esta primera parte (con manuscritos y libros de cábala incluidos, además de lugares antiguos, muy antiguos, que albergan remotas fuerzas), Leiber consigue además trasladar ciertas sensaciones a una realidad más cercana. Consigue así conformar algunos temores, que el de Providence relacionaba con la naturaleza o el cosmos,  en lugares u objetos del prosáico día a día de una gran ciudad.

Es en la parte central del relato donde la acción propiamente dicha se relaja y conocemos la verdadera figura de De Castries (a mi entender firmemente basada en la de Aleister Crowley, el célebre ocultista y alquimista británico, cuyo poderoso magnetismo tuvo gran número de seguidores y que formuló teorías como la del “iluminismo científico” a semejanza de la “metageometría neopitagórica” del propio De Castries). Lo cierto es que, por la sociedad secreta creada por él, desfilan personajes de muy distinta índole. Leiber introduce a Jack London (en la versión de peligroso juerguista impenitente), Ambrose Bierce, o Dashiell Hammett, en un juego metaliterario que realmente tendría mejores resultados de haber profundizado más en él. Podría decirse que el ritmo de la historia se resiente y me atrevería a decir que toda la información y los descubrimientos de esta parte de la investigación podrían haberse distribuido mejor.

Our Lady of Darkness, Ace Fantasy (1977)
Our Lady of Darkness, Ace Fantasy (1977)

Una vez atados la mayoría de cabos sueltos, la narración vuelve a acelerarse y agustiarse proporcionando imágenes de gran impacto que tienen su culmen en el inquietante final de la historia. Si bien es cierto que se habían ido dejando pistas de la conclusión probable, la escenificación y su dureza provocan un inevitable estremecimiento del lector. Como curiosidad para aquellos que la lean, recomiendo realizar el ejercicio de eliminar el último capítulo (3 páginas o así) de la primera lectura. Seguro que coincidís en que sería un mejor final.

La novela quizá no es perfecta, pero la considero muy recomendable (casi imprescindible), para cualquier aficionado al género de terror psicológico o pseudo-onírico que se precie. Y también para los que gusten de las referencias metaliterarias  y los juegos que entrelazan personajes reales y ficticios.

Por último, quiero recomendar el estupendo Blog Fritz Leiber de Patxi Larrabe, un trabajo impecable que todos los fans deberían tener en cuenta y del que me declaro fan incondicional.

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